Octavo acto: Del infierno al purgatorio
Nos levantamos. Nuestras últimas horas en este lugar. Hacemos la maleta y nos vamos a desayunar. Después de desayunar me paso por una tienda a ver si veo una gorrita para mi hijo. No la veo pero he visto algo para mi mujer, je, je, jeeeee. Devolvemos el cojín y las sábanas, hacemos lo que sería el checkout del alojamiento. Y a esperar la salida del avión (faltan cuatro horas). Ya hemos hecho el check in del aeropuerto. Estamos en la sala de espera haciendo tiempo hasta que salga nuestro avión. De repente… empieza a sonar la sirena y la misma voz metálica que empieza a decir “Ground attack, ground attack, ground attack…”. Miro a Salomón y le digo “Salomón, que todavía se nos fastidia y nos tenemos que quedar”. Afortunadamente no pasa de ahí y al cabo de un cuarto de hora estamos subiendo a un Hércules C130 de las FFAA canadienses y como en las películas, con chaleco, casco y sentados unos en frente de otros. En menos de dos horas estamos aterrizando en otra base militar. Pero menuda base. Es enorme, de los EEUU y allí hay unas 30.000 personas. Nos recogen y nos llevan a lo que será nuestro alojamiento de una noche. El sitio se llama el “Hotel California” y la verdad es que al lado de lo que teníamos antes nos parece un hotel de lujo asiático. Es una habitación con dos camas y dos armarios. Nuestro propio aire acondicionado, colchones nuevos y una mesa con conexión a internet. Hemos pasado del infierno al purgatorio. En estas condiciones no me importaría quedarme más tiempo. Y aun no habíamos visto lo mejor. Dejamos los trastos y decidimos ir donde está todo el bullicio. Es domingo por la tarde, ya ha anochecido. Vamos a lo que sería la zona de ocio principal. No os podéis imaginar cómo se lo montan estos americanos. Es una gran explanada. En la zona central hay una pista de jockey sobre patines, un campo de voleibol, un campo de futbol y de baloncesto y no sé qué más. Rodeando todo esto hay un paseo lleno de tiendas y establecimientos de comida, zumos, helados, tiendas, un karaoque, música… Vamos, había un ambientazo increíble (las fotos no hacen justicia, el fotógrafo es muy malo). Parecía que estuviéramos en una zona de playa, con gente jugando, paseando (era curioso ver a chicas súper jóvenes llevando a cuestas fusiles M16 y pistolas), haciendo deporte, tomándose algo… Con razón tienen el ejército más poderoso del mundo. Viendo eso me dan ganas de alistarme. Nos damos un paseo por la zona y decidimos cenar algo. Después nos hacemos un helado de inmenso. Volvemos paseando al hotel, una ducha y a dormir.
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